Literatura: Sputnik, mi amor y los dos Murakamis.

Publicado: 03/04/2012 de Sui Greene en Autores, Libros, Opinión
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Ayer compré, después de mucho tiempo pensando si me merecía la pena o no, esta novelita de Haruki Murakami, Sputnik, mi amor y este mismo mediodía terminé de leerla. Para darle a esto un poco de consistencia física, aquí tenemos la portada:

A simple vista se trata de una historia de amor. El narrador, de cuyo nombre tan sólo sabemos “K.”, se enamora en sus años de estudiante universitario de una joven rebelde, Sumire, empeñada en ser novelista. A su vez, Sumire, casi por casualidad, se enamora de Myû, una misteriosa mujer bastante mayor que ella. Las cosas se tuercen cuando Sumire entra a trabajar como ayudante de Myû, ya que a causa de esto emprenderá un viaje a Europa tras el cual nada volverá a ser como antes.

Quizás hayáis puesto cara rara al leer que trata de amor. Pero no trata de amor convencional, ni del amor comercial que se vende en la televisión y en las canciones de pop, no es ni siquiera el amor de las novelas románticas o pseudo-románticas que tanto gustan a l@s adolescentes. Se trata de amor de verdad: de la conjunción de comodidad, dependencia, deseo sexual y admiración, en diferentes grados. Para entendernos: “Sputnik” significa en ruso “compañero de viaje” y de esto trata esta novela.

Pero como se puede intuir del título, no he venido a alabar, recomendar o reseñar esta obra (al menos, no he venido solo a eso). Esta es mi cuarta novela de Murakami, y me siento con total libertad para decir que este hombre, en realidad, es dos personas. Bien es cierto que el corpus de este prolífico escritor se extiende mucho más allá de cuatro obras, pero la diferencia ya está clara.

Una de esas personas es la que ha escrito (al menos) Kafka en la orilla (del cual, por cierto, he leído muy buenas críticas, y a mi no me ha chiflado tanto ni de lejos) y El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. En ambas novelas tiene una dinámica muy parecida, dos historias paralelas que se narran alternando capítulos, y que, no hace falta ser muy avispado para darse cuenta enseguida, se entrecruzan al principio en detalles, y terminan siendo dos vertientes, o causa y consecuencia, de un mismo asunto. En estas novelas, Murakami introduce un montón de elementos mágicos, superreales, imposibles a veces, y los integra en una historia verosímil, ingeniosa por momentos, con un fuerte componente de introspectiva pero que nunca me han hecho sentir, realmente, parte de la historia, nunca han terminado de integrarme y apenas me han provocado empatía.

El otro Murakami es al que he leído en Tokio blues: Norwegian wood y en Sputnik, mi amor. Estas novelas tienen en común que son mucho más personales, hay menos acción, tratan más de sentimientos, son algo más como una confesión personal, se parecen más a cuando una trata de entender dentro de su propia cabeza qué ocurre en el mundo (dentro y fuera). Son obras menos ambiciosas, quizás, pero no por ello menos efectivas: personalmente opino que la presión que puede suponer alcanzar unas metas, ya sean tratar de provocar o escribir una historia compleja, desaparecen y dan paso a una narrativa sincera, fluida, muy bella. En estas novelas la misión no es hacer comprensible un universo particular y sus tramas, sino tratar de indagar en sentimientos tan comunes (y a veces, tan callados y olvidados) como la soledad y cómo nos comportamos con respecto a ella.

Esta dualidad en parte me asombra (¡quién fuese capaz de fluctuar entre estilos con tanta naturalidad!), me molesta (destruye la comodidad de saber qué quiero leer en cada momento y encontrarlo de inmediato) y a su vez me estimula (a su manera, encontrar trazos de ambas personalidades en una misma obra se vuelve un juego que me obliga a estar alerta).

Para mi, en resumen, está el Murakami que escribe explorando líneas argumentales que para mi gusto no son del todo satisfactorias, y el Murakami que se esconde en historias manidas (el amor, en general) para lanzar reflexiones estéticamente trabajadas.

En este punto, no hay duda ya de a cuál prefiero leer, aún cuando no tengo ni siquiera ganas de leer, y cuál me deja esa adorable sensación de haber crecido un poquito más como persona y de haber reflexionado sobre mi misma y mi relación con el mundo durante, y por supuesto, después de la lectura. Espero encontrarme de nuevo a este segundo Murakami en Sauce ciego, mujer dormida que será mi próxima parada en su literatura, y esta vez, con forma de cuento.

comentarios
  1. Nirei dice:

    Me leí Tokio Blues (Norwegian Wood, la traducción es matadora…) hace años y fue un libro que me impresionó bastante. Aunque ando vago para leer en general, y demasiado ocupado, especialmente ahora mismo, más Murakami entra en mi cola de lectura ahora mismo.

    Por cierto, ¿recuerdas una historia sobre una alumna que seducía a su profesora de piano? Creo que es de Tokio Blues pero me cuesta recordarlo.

  2. nireiorange dice:

    Me leí Tokio Blues (Norwegian Wood, la traducción es matadora…) hace años y fue un libro que me impresionó bastante. Aunque ando vago para leer en general, y demasiado ocupado, especialmente ahora mismo, más Murakami entra en mi cola de lectura inmediatamente.

    Por cierto, ¿recuerdas una historia sobre una alumna que seducía a su profesora de piano? Creo que es de Tokio Blues pero me cuesta recordarlo.

    • Sui Greene dice:

      Si no me equivoco sí, está en Tokio Blues. Reiko era profesora de piano y creo que si tuvo alguna clase de algo con alguna alumna.. que de hecho le había provocado dejar de tocar, o de dar clases… Hace mucho que lo leí.

      • Sui Greene dice:

        Por cierto, ¿la traducción es matadora? Quizás no te he entendido, pero es que Norwegian wood es el título original (es la canción que va escuchando en el avión y que le hace recordar todo lo ocurrido), lo que no sé es de dónde sale Tokio Blues…

  3. jandrostark dice:

    Sí la traducción del título es una de esas grandes, deberíamos hacer un día una entrada sobre los títulos más absurdamente traducidos, que tener, tenemos donde elegir.

    Murakami es como es, y tengo pendiente bastante, pero a veces es denso de narices sin duda.

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